El pasado viernes, 27 de marzo, Kiev Cuando Nieva participaban como teloneros en la velada de presentación del nuevo disco de Tanchenko en la Oasis de Zaragoza. Posteriormente amenizaría la noche el alma mater de La Casa Azul, Guille Milkyway. Al no poder asistir al evento, este blog encargó una crónica del recital al superhéroe Nicolás Nitumultos. Esta es su crónica:
LA COMUNIDAD Y LA MASA
(Un encargo del Capitán Lillo)
El código Kiev es misterioso, a veces parece un chiste privado, pero no de esos impenetrables, fruto de lo ajeno, sino de los que hacen estallar un resorte que fuerza la atención, si estás dispuesto a prestarla.
La sala Oasis estaba prácticamente llena. Tengo la impresión de que buena parte del público acudió allí para ver a Tachenko. Si fuera un cronista, diría que para Kiev la sala Oasis es como un estadio: un espacio inhóspito, sólo más amable por la compañía de su pequeña comunidad, que disfruta de la experiencia y forma parte de ella.
Ellos a lo suyo. Comenzaron con Avispa, tremenda canción, como si estuvieran en el cuarto de estar de su casa, y en uno de sus versos, algo así como una premisa deontológica: si me muevo de donde estoy, va a cambiar mi ilusión.
Después, un recuerdo para los abuelos de una tal Lara (alguien que parece formar parte de la comunidad arriba mencionada) que resulta debutaron en la sala donde nos encontrábamos, como artistas de variedades, hace ya decenas de años.
Más tarde, empezó el runrún del público. La música tiene aquí mucho de tribal, de romería, y el respetable, gran parte de esa buena parte que había acudido allí para ver el concierto de Tachenko y hacer vida social, se puso a hablar. Sin embargo, la comunidad primigenia ya no era tan pequeña, se habían sumado algunos curiosos y ya nos contábamos por decenas.
Mientras, ellos a lo suyo, temas como La carga cuyas armonías vocales me acercaron a Crosby, Stills and Nash, la muy krautrockiana Procedimiento, el picaraza-hit Sal, con un verso tan memorable como acostumbro a hacer ver que no puedo precisarlo todo, o esa crítica sibilina que yo interpreto en Un desnivel. Todos ellos de su segundo disco y que fueron alternando con canciones de su primer álbum como Ermita, ambliopía de imágenes fulgurantes, Hacia las tapias, o Fiesta Menor, con una letra que sintetiza su mirada, la del chiste privado y ajeno que despierta mi atención.
Para entonces ya habían pasado unos cuarenta minutos de canciones para todo aquel que hubiera llegado hasta allí por camino de tierra. Chapeau!
Nicolás Nitumultos.

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